lunes, 2 de noviembre de 2020

No tienes derecho a mí

Estaba leyendo una página muy interesante (The Underargument) donde se recogen historias inspiradoras de mujeres. Leía un escrito sobre la forma de vestir, la sexualidad y lo que tiene que decir la sociedad sobre todo ello. Me hace pensar en mi propia experiencia como mujer, en este momento.

Me he encontrado a veces en conflicto a la hora de vestirme para salir, sobre todo si estoy saliendo con un chico. El querer vestirme para sentirme guapa, a gusto y bien conmigo misma, pero no demasiado arreglada para que la persona con la que estoy no lo interprete como una invitación. 

Es frustrante sentir que tu cuerpo no es tuyo, que la gente se piensa que lo vistes para ellos, como un escaparte, y que según lo que lleves estás dando un permiso implícito a que se acerquen a ti. Es exasperante no poder vestir como una quiera sin tener que tener en cuenta posibles atenciones indeseadas. 

Al final es más fácil bajarle el tono, pasar desapercibida, volverte invisible. Porque a veces no tengo energía para lidiar con esos temas. Porque todavía no me siento lo suficientemente fuerte para hacerlo. Y aún cuando he tenido todo el cuidado, sigue pasando, y me siento vulnerable y eso me enfurece. Pero después. Cuando ya ha pasado el conflicto, y lo he dejado pasar y no he querido montar un pollo. Cuando llego al coche y me persigue esa incomodidad de lo sucedido, esa repugnancia. Ahí es cuando llega la ira. Por no haber hablado. Haber dicho: "EH, qué te crees que estás haciendo. Yo no te he dado permiso para que dispongas de mí cuerpo como a ti te venga en gana y desees. Si no vas a tratarme con respeto, no esperes volver a tratar conmigo". Me enfurece el haber considerado en ese momento que era más importante mantener la compostura y el agrado de esa persona hacia mí, que respetarme a mí misma, honrando mis deseos y necesidades y poniendo límites a lo que me está incomodando. Me encolera haber tenido miedo de alzar la voz, de decir lo que mi cuerpo está gritando. "Apártate de mí. No tienes derecho a mí".

No voy a permitir eso. Voy a encontrar esa fuerza en mí. Para alzar la voz. No siempre va a ser fácil, a veces no tendré la energía, y hay muchas barreras que romper, muchos malos hábitos y creencias. Pero lo voy a conseguir, voy a seguir trabajando para ello. Porque no voy a volver a faltarme al respeto. Iré aprendiendo lo que haga falta.

La energía que gasto en pensar en lo que pensarán los demás, la reservaré para sentirme potente, fuerte, diosa con lo que lleve. Y afrontar lo que ello me traiga, teniendo clara mi verdad. Y quien se crea con derecho a mí, ya puede estar preparado, porque esta vez no me voy a quedar callada.

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Quisiera escribir sobre la tierra en mí, sobre la madre-mujer-creadora de todo  en mí, recuerdos latentes que no son míos  pero me pertenece...