I
Gracias por lo que hemos tenido, mientras fue bello.
Se gana o se aprende y yo he aprendido mucho contigo.
Espero que guardes con cariño
todas las cosas que te llevas de mí,
que quizás tú también hayas aprendido algo,
que haya algo más de luz en ti.
Tengo que devolverte tu sudadera, por cierto.
Me gustaba porque tenía tu olor y tu calor,
pero su oscuridad ha empezado a invadir mi habitación
y ya no puede quedarse.
Que se marche contigo y con ella la lluvia.
La lluvia.
De verdad que intenté disfrutarla
(su olor me recuerda a ti).
Abrí las manos y las gotas caían en mis ojos, en mis labios
y resbalaban por mi cara y apenas se notaban.
En ese momento sentí que me gustaba.
Pero luego me empezó a calar la ropa
y el frío se instaló como un manto.
Y tuve que quedarme con ello aunque dejase de llover,
porque ya no te puedes deshacer del frío hasta que te cambias de ropa.
Y tuve que cambiarme, aunque no quería.
II
Me pregunto si me lees, si me piensas,
si me echas de menos.
Si añoras las caricias y los besos y el amor en mis ojos.
Mi domingo está vacío
sin tus palabras, sin tu rostro, sin tu tacto de guitarra,
y todo está melancólico.
Incluso mis trabajos de la universidad se niegan a que pueda realizarlos.
Rehuyen encontrar sentido en sí mismos
y propósito y coherencia y solución.
No puedo ver sin mis ojos, no te los lleves.
Me quedaré ciega y sorda y muda
sin tu poesía,
sin las palabras que encandilan mi pensamiento.
No te lleves mis ojos. El mundo es gris.
Insípido, ingrávido, inerte.
Ilógico, incrédulo, incompatible...
III
...Siento el drama, me dejo llevar.
Qué suerte, al final conseguiste tu poema.
Mi inspiración necesitaba el combustible adecuado.
Pero no te preocupes, se me pasará.
No eres el peor dolor que he tenido.
El último tú se quedó 6 meses de okupa en mi corazón,
y aunque a él sólo le conocí de un día,
él tampoco tuvo tiempo de decepcionarme.
¿Cuánto tardarás tú en marcharte?
Qué desconsiderada. Yo aquí,
hablando nada más que de mí y de lo que siento;
pero es que, ves, no pude preguntarte,
porque llegaste tarde a todas mis entrevistas
y tampoco respondiste a mis preguntas.
La gerente se empeñó en contratarte,
a pesar de que la jefa sabía que no cualificabas para el puesto,
y a la hora de hacer válido el contrato
arrancamos todas las cláusulas,
ya que al parecer
las partes contratantes no eran importantes
y yo me quedé con una firma en un pedazo roto de papel.
IV
Acuérdate
de la sudadera.
No te olvides, por favor.
Puedo dársela a alguno de tus amigos si no puedes quedar.
De hecho lo prefiero así, prefiero no verte.
Y puedes quedarte mis ojos, te los devuelvo.
Los tuyos quédatelos también.
Estaré ciega un tiempo, pero ya me las arreglaré;
me construiré otros, sí.
Puedes quedarte la luz que me ha robado la sudadera.
De verdad, quédatela.
Y no te olvides de
recoger la sudadera.
Acuérdate, vale?
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